Allegra se quedó en su habitación hasta el último minuto, mirandose frente al espejo, se sentía totalmente expuesta con esa ropa, pero se había probados todos los vestidos y eran exactamente igual. Un golpecito en la puerta hizo que diera un respingo.
–¿Allegra? –escuchó la voz de Dante –. He traído un collar para ti. ¿Estás lista? Sí, estaba lista. O tan lista como podría estarlo. Respirando profundamente, abrió la puerta... y se quedó inmóvil. La chaqueta blanca fue una sorpresa. Sabía que