Javier pasa las manos de su cara a su cabeza, entrelazando sus dedos por su cabello en señal de desesperación. Por una parte, quiere ser sincero con ella, pero, por la otra, teme a las consecuencias que sabe le esperarán.
De un momento a otro, sus hombros decaen y la determinación se dibuja en su rostro.
—Quiero decírtelo, tienes que saberlo. Vives en la casa de Xavier, así que te mereces saber lo que hizo.
De pronto, el diario de Xavier le viene a la cabeza a la rubia, aparece en su mente y el