Los ojos de Xavier brillaron con esa maldad ya característica en él que tanto le gustaba a Stacy.
—Ese es el espíritu. Démosle un espectáculo a esos bastardos. Vamos a enseñarles lo que es divertirse.
Ella le acepta la mano de Xavier y este la conduce hasta el centro del salón, guiándola en un baile sencillo, pero llamativo. Los invitados de la fiesta se giran para mirarlos, casi como si estuvieran en trance.
—Actúa como si no te fijaras en ellos, como si no existieran, no les des importancia.