La mano derecha de Xavier se estira hacia delante con la palma mirando hacia arriba esperando por la de ella.
—Vamos, sígueme.
—¿Otra vez? ¿A dónde nos dirigimos ahora?
—¿Quieres hacer preguntas o quieres confiar en mí?
—De acuerdo, de acuerdo —le dijo ella y, finalmente, tomó su mano.
Él le dedica una sonrisa perversa, una de esas que ya se está convirtiendo en una de las preferidas de ella y, sin decir nada, la conduce hasta la cocina. Para sorpresa de la rubia, la habitación está sumida en c