En esa ocasión, no fueron solo los ojos de Xavier los que brillaron con malicia, los de Stacy también lo hicieron cuando dio un paso más, uno que la llevó a estar todo lo cerca que podía del cuerpo de él y uno que le permitió sentir su miembro duro a través de sus pantalones.
De pronto, ella sintió un hambre voraz. El deseo se adueñó de su cuerpo impidiéndole pensar en nada más, impidiéndole pensar en toda la pesadilla que estaba viviendo.
De un momento a otro, lo único que deseaba era sentirlo