Capítulo 97. La inmensidad del océano.
El príncipe irrumpió en un rincón del club donde Astrid lo esperaba, furioso, con la furia reflejada en cada uno de sus rasgos faciales. Sin preámbulos ni cortesías, la agarró del brazo con fuerza y apretó la piel de Astrid hasta hacerle daño.
—¡Quiero a Blair en mi cama, como mi amante! No me importa cómo lo hagas, pero me traerás a Blair. ¿Me has oído?
Su voz sonaba en el rincón del club, cargada de ira y exigencia. Astrid, con el corazón en un puño, solo pudo asentir, sintiendo el peso de l