Capítulo 53. Envidia.
Elizabeth, con voz cargada de rabia y frustración, murmuró para sí misma:
—¿Cómo se atreve esa maldita mujerzuela a robarme el protagonismo con Oliver? (Rompió violentamente los recortes de revistas). ¡Yo debería haber sido la estrella de esa gala! ¡Yo soy la verdadera aristócrata aquí, no esa advenediza de Blair Connor!
—Todos la adoraban, todos hablaban de ella y de su estúpida colección, ¡mientras yo me pudría en esta maldita mansión de Cambridge! —gritó, arrojando los trozos de papel por la