—Todavía no he sabido nada de Richard —murmuró Jax, por lo bajo.
Estaba moviendo el pie repetidas veces por debajo de la mesa de vidrio. Nos encontrábamos en un restaurante lujoso de la ciudad, muy diferente al que me llevó una vez cuando recién nos conocíamos.
Las paredes eran de color caoba y el ambiente desprendía un olor que no sabía cómo describir, era como dulce... Las mesas eran transparentes, permitiendo que pudiéramos ver nuestros pies y Jax estaba ojeando la carta para decidir lo que