Capítulo 31

—¡¿Cómo que no puedo divorciarme?! —exclamo con demasiado agobio.

Mi voz ha sido más como un alarido que otra cosa, me doy cuenta que algunas personas me vuelven a ver con interés y mi nuevo abogado se pone tenso.

—Disculpe, no quise ser maleducada. —le regalo una leve sonrisa.

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