BRENIN
Las luces parpadeantes claramente lograban su cometido, que es el subir aun más mi ebriedad, claro que, si también le sumáramos el hecho de que en mis venas corren polvos de hadas igualmente se podría llegar a la conclusión del porque no puedo ni siquiera mover mis dedos.
–Creo que ahora sí te excediste –me regaña Antón–. Mejor vamos a casa y estamos con la bebé.
Sacudo la cabeza para despejar mi mente cuando siento unas uñas recorrer mi brazo.
–¿Qué tenían esos polvos? –pregunto girando