—¿Él no tiene codicia? —preguntó Calvin con una risa baja y burlona—. Para alguien que se atrevió a tocar lo que no le pertenece, ¿y dices que no tiene codicia? La hija del presidente, seis años mayor que él.
—¿Desde cuándo a nuestra especie le empezaron a importar tanto las edades? —replicó Elara con fluidez, con su voz como un hilo afilado y peligroso debajo de su máscara pública.
—Por supuesto que a ti no te importará porque es un omega —siseó Calvin, y sus ojos captaron la luz de un dron de