Antes de que pudiera reaccionar, sus brazos se deslizaron alrededor de su cintura, atrayéndola más cerca. La respiración de Elara se cortó, pero no se movió.
—¿O… estoy soñando? —susurró él.
Elara no se dio tiempo para pensar.
Pensar era peligroso, y pensar significaba recordar.
Y recordar en ese momento sería un error.
—El código —repitió, esta vez con más firmeza.
Él tarareó débilmente, dejando caer la cabeza por un instante sobre su hombro.
—Te extrañé… —murmuró, apenas coherente.
Su expresi