Por un segundo, el tiempo se detuvo. La mente de Elara se quedó completamente en blanco. No estaba pensando; el control se había esfumado, dejando solo una mezcla de impacto, calor y conmoción.
Sus labios estaban calientes, ardiendo contra los de ella como si intentara anclarse, como si ella fuera lo único que evitaba que él se perdiera por completo.
—Por favor, Elara... sálvame... —murmuró contra su boca, mientras sus manos comenzaban a abandonar su posición en la cintura de ella, recorriendo