—¡Ahhh! ¡Mamá, por favor, no te vayas! —gritó Meeka—. ¡No me dejes, ma-má!
¡Por favor! Por favor, perdona la vida de mi hija. Te lo suplico en nombre de la mismísima diosa, ¡no la mates! ¡Déjame asumir su castigo! ¡Por favor, perdona a mi pequeña bebé! Suri lloró desconsoladamente, arrojándose a los pies de Lucas, quien no respondió. Solo ordenó a Kiron y a los demás guardias que se llevaran a Suri para que se quedara solo con Meeka.
Pero Suri era peor que una cabra testaruda; luchó y luchó con