18. Un resultado inevitable.
El trayecto de regreso a mi apartamento transcurrió en un silencio tenso. Cada semáforo en rojo parecía durar una eternidad. Al llegar, subimos a toda prisa por el ascensor y en cuanto cruzamos el umbral de la puerta, Maya me quitó la bolsa de las manos, sacó las cinco pruebas que compré y me las entregó empujándome suavemente hacia el baño.
—Ve, hazlo ahora, yo esperaré aquí afuera. Tómate tu tiempo.
Cerré la puerta del baño y me apoyé contra el lavabo. Mi reflejo en el espejo me devolvi