La relación entre Isabela y Camila estaba marcada por constantes enfrentamientos, aunque solo una de las partes parecía disfrutarlo. Camila encontraba un placer perverso en humillar a Isabela, y la presencia de los empleados de la casa le daba la audiencia perfecta para sus actos.
Aquella mañana, mientras el personal de la mansión se encontraba ocupado en sus tareas, Camila decidió aprovechar la oportunidad para dejar a Isabela en ridículo una vez más.
La humillación frente a los empleados
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