La mansión Arriaga, con su majestuosa arquitectura, seguía siendo un escenario de constante tensión para Isabela. Cada paso que daba en su interior parecía más pesado que el anterior. Había intentado adaptarse a esa vida, a esa soledad que la acompañaba a cada momento. Pero, a pesar de sus esfuerzos, no lograba liberarse de la sensación de ser una prisionera, atrapada entre paredes frías que no la dejaban escapar. Y ahora, había algo más, una presión creciente, una presión que venía de la perso