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Capítulo 4- Juguemos a Pecar

Capítulo 4

SIN SALIDA... Juguemos a pecar

―Me supongo que estaban aqui limando asperezas, ¿no es asi, Erick? ―esta vez hablo un poco más alto y fingió una sonrisa relajada que solo provoca que los bellos de Mía se erizaran.

Erick, que seguía ajeno a la escena entre su padre y su madrastra, sonrió despreocupado y sin aparentes ganas de abandonar su actual posición.

―Pero por supuesto que si padre ―canturreo con los ojos cerrados pero alzando una mano que pretendía señalar en dirección a la pareja de recién casados―. Y debo decir que tenias todo la razón. Soy un estúpido por haber dudado de ti y tu gran capacidad para elegir a mi nueva madrastra. Todo queda en familia, ¿o no?

Lorenzo miro con desaprobación el comportamiento de su hijo, que seguía tirado en el césped con la ropa cubierta de suciedad y ahogado de borracho.

―Veo que ya te enteraste de porque mi esposa se parece tanto a tu difunta novia.

―Si, y que irónico que hayas elegido precisamente a su hermana, que es j0didamente idéntica a ella, para convertirla en tu esposa ―Mía se tenso de inmediato; Lorenzo la miro de reojo pero no hizo ningún movimiento que delatara su estado de animo al respecto.

―No veo donde esta lo irónico, solo es una simple coincidencia del destino.

―O tal vez, solo tal vez, siempre estuviste enamorado de Lía en secreto y buscaste a su hermana para satisfacer tu insano capricho ―y al decirlo, Erick se incorporo hasta quedar sentado y con los ojos bien abiertos y puestos en el rostro de su padre―. ¿Estabas enamorado en secreto de Lía, papá?

Lorenzo dejo escapar una carcajada un tanto incomoda.

―El alcohol te esta haciendo decir un sarta de estupideces, Erick. Será mejor que te retires a tu habitación ahora mismo, necesitas una ducha fría y un café cargado para que se te enfríen las neuronas. Es obvio que para ti la fiesta ya se termino ―Lorenzo hizo un gesto a dos de sus guardaespaldas para que se acercaran a ayudar a su hijo―. Llévenlo a la casa sin que lo vean los invitados.

Erick no se opuso a las ordenes de su padre, al contrario, con gesto divertido se dejo cargar en brazos como si se tratara de una damisela en apuros.

―Esta conversación no ha terminado y lo sabes, padre ―lo apunto al pasar a su lado; Mía ni siquiera lo miro, estaba demasiado asustada como para cometer otra imprudencia delante de Lorenzo―. Que este borracho no significa que sea tonto. Tienes muchas cosas que explicarme.

―Agenda una cita y lo hablamos ―respondió a modo de broma y gesticulo para que sus hombres se lo llevaran de una buena vez―. ¿Y tú que tienes que decir al respecto?

Mía suspiro negando al mismo tiempo, estaba tan nerviosa que no se creyó capaz de mirar a su esposo a los ojos. Lorenzo, amable y un tanto cariñoso, se movió delante de ella hasta tenerla cogida con ambas manos de la cintura, Mía se sintió tan pequeña e indefensa, completamente a su merced.

―Te juro que no he dicho nada que pueda comprometerte, Lorenzo ―sus voz fue firme, pero suave. Mostrarse arisca con él en ese instante solo podía empeorar la situación ya de por si incomoda―. Él solo queria comprobar si era yo era Lía, nada más.

―¿Y lo hizo? ―las manos masculinas se deslizaron con sutiliza por encima de la tela de encaje fino, ascendiendo hasta alcanzar los brazos, para luego detenerse en los hombros.

―Supongo que si, no estoy segura ―vacilo un segundo y evito cerrar los ojos cuando el rostro de su esposo se acerco demasiado al suyo, el aliento caliente y varonil de su marido le rozo los labios―. He hecho todo lo que me has pedido.

―¿Cómo convenciste a mi hijo de que no eras Lía? Erick suele ser muy insistente cuando algo se le mete a la cabeza, no lo dudo ―sus labios rozaron con intermitencia los de Mía, la chica tembló al sentirlo, pero no se aparto―. Por tu bien y el de tu familia, espero que no hayas hecho nada estúpido, querida.

―Te prometo que no hice nada, yo solo estaba tomando un poco de aire y Erick me sorprendio. No sabía que me había estado siguiendo ―las manos grandes de Lorenzo bajaron nuevamente a lo largo se sus brazos hasta encontrar nuevamente la cintura de Mía y con un movimiento firme la pego contra su pecho, recordándole que era él quien tenia el control; así que lo mejor era contarle todo sin omitir ningún detalle―. ¡Intento besarme, pero yo se lo impedí! ―gimió en medio de una mueca de dolor al sentir como Lorenzo le clavaba con fuerza los dedos en la carne, hasta tocar sus huesos, atravesando la delicada tela del vestido nupcial―. ¡Te juro que lo impedí! ¡Tú mismo viste los ebrio que estaba!

Y esta vez, si tuvo que mirarlo a los ojos en busca de un poco de clemencia. La estaba lastimando y seguramente le dejaría marcas en la piel al día siguiente, eso sin contar que su tobillo palpitaba de dolor por la caída de antes. Las lágrimas se materializaron en los ojos de Mía y eso fue todo lo que necesito Lorenzo para aflojar el agarre y sonreír con ternura.

―Tienes toda la razón, hermosa ―dijo de pronto con un tono amable y bastante cariñoso―. Yo jamás dudaría de ti.

Mía respiro aliviada por un segundo, pero no tuvo de tiempo de asimilar nada más, ya que Lorenzo se abalanzo contra ella para besarla con pasión. Sintió una arcada cuando la lengua de él se interno dentro de su boca en contra de su voluntad, resistirse a Lorenzo ya no era una opción si en verdad quería que sus padres sobrevivieran y aunque en un principio le resulto confuso su cambio de actitud respecto a ella, al escuchar otras voces en el jardín, lo comprendió todo.

―¡Vaya, pero cuanto amor por aquí! !Que vivan los novios!

Seguramente ya los había visto venir y por eso se adelanto a fingir una escena convincente.

―¡Pero cuanta pasión! Mejor esperen a la luna de miel, tortolitos.

Lorenzo se aparto de Mía con fingido pesar por la interrupción y ella no tuvo más remedio que seguirle el juego y sonreírle a la parranda de hipócritas que antes la habían señalado como una zorra.

―Es que con tanta belleza junta es imposible ―bromeo Lorenzo y volvió a besar a su esposa con galantería―. Y bueno, yo tampoco estoy tan mal, ¿cierto, cariño?

―Irresistible, seguro que si ―continuo Mía y sonrió lo mejor que pudo.

El grupo de tres que los había interrumpido, bromearon entre si y luego rellenaron sus copas con una botella de vino que habían robado del catering de la fiesta.

―Déjame decirte que este vino esta sensacional, Lorenzo. No por nada eres uno de los mejores vinicultores de la Toscana y por eso no queremos desaprovechar la oportunidad de conocer tus viñedos y donde sucede la magia para crear este elixir de los dioses.

Elogiar sus vinos y todo lo relacionado a la vinicultura, era como un golpe de reseteo para Lorenzo Toscano, algo inevitable. Si había algo que él amaba más que al dinero, era su profesión y que las personas ahí estuvieran interesados en conocer al respecto, lo hizo olvidar por completo lo sucedido con Erick.

―Pero por supuesto que si ―respondió enaltecido―. Para nosotros sera un placer. ¿cierto, cariño?

Y ante eso ultimo, Mía no tuvo nada que hacer al respecto; sin importar que ahora mismo le doliera todo el cuerpo y más que eso... le doliera el alma.

―Claro, por supuesto que si.

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