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Capítulo 3 - Juguemos a pecar

Capitulo 3

SIN SALIDA... Juguemos a pecar

La tentación fue demasiado grande, pero sucumbir ante el deseo no era una opción en esos momentos.

Sentir a Erick tan cerca, tan vulnerable y necesitado se le antojo demasiado fácil, como un regalo que la vida le otorgaba en medio de tanto caos, pero el solo hecho de pensar en las consecuencias que podía ocasionar un simple beso, sin duda la hizo reaccionar y alejarse.

―¡¿Acaso te volviste loco?! ―cuestiono ofuscada mientras luchaba con la falda del vestido que se había enredado en uno de sus tacones y el césped del jardín lo complicaba aun más, por un segundo casi tropezó―. ¡Maldición! ―murmuro al sentir un leve dolor en uno de sus tobillos―. Acabo de casarme con tu padre y ahora soy tu... tu madrastra. ¡No puedes besarme!

La risa de Erick resonó suave y un tanto espontanea, como si de verdad le hubieran contado un buen chiste.

―¿Y se supone que ahora debo llamarte, mamá o algo así? ―se giro con torpeza a causa de la borrachera que llevaba y se recostó del tronco que segundos antes había respaldado a Mía; fue una suerte que no se cayera de bruces hacia atrás―. Tú no eres nada mio, tontica.

―Soy la esposa de tu padre y eso debería ser suficiente para ti ― le riño ofuscada mientras intentaba recuperar la estabilidad; su tobillo seguía doliendo un poco―. Tú ni siquiera deberías estar aquí conmigo. Lorenzo se pondrá furioso si llega a enterarse de esto.

Y al decirlo, empezó a emprender la retirada de vuelta a la celebración de su boda, dejando a Erick más atontado que antes y con la palabra en la boca. Él era un imbécil, la verdad y estando ebrio, pues muchísimo más. Y obviamente desistir en molestar a Mía no estaba entre sus planes inmediatos, por lo que sus pasos tras de ella no se hicieron esperar.

―Eres idéntica a mi ex novia, es imposible no confundirte con Lía ―no fue una pregunta, tampoco una acusación; era solo la genuina curiosidad de alguien que no comprendía como podía existir en el mundo una persona tan parecida a otra.

Mía se detuvo en seco y Erick, que parecía caminar entre las nubes por el alcohol en su sistema, ni siquiera se percato y acabo tropezando con ella, provocando que ambos cayeran contra el césped.

―¡Mierda! ―se quejo con voz llorosa, Mía y si antes le molestaba el tobillo, ahora con esa caída el dolor  se intensifico―. ¡¿Qué demonios pasa contigo?!

Tenerla sobre su pecho fue una suerte y sentir su respiración agitada por el enojo un regalo del universo.

Sus facciones eran casi perfectas e idénticas a las de su amor perdido; cejas pobladas, pestañas rizadas, ojos grandes y nariz respingada, a excepción de una sola cosa que puso fin a la absurda esperanza de que esta mujer fuera Lía; la decepción fue inminente para Erick.

―Tienes pecas ―fue todo lo que dijo y aunque fue casi un susurro para si mismo, Mía logro escucharlo claramente y no pudo evitar sentir lastima por él―. Lía no tenia pecas y tú si ―volvió a decir―. Tenias razón. Soy un imbecil.

La realidad cayo sobre su cabeza como un balde de agua fría y la pequeña luz de esperanza que se había encendido en su corazón al verla, en ese instante se extinguió por completo, dejándolo más desolado que nunca.

―Lo siento mucho ―ni siquiera supo porque sintió la necesidad de disculparse con él; tal vez por su cara de tristeza, o por las lágrimas que vio agolparse en sus ojos grises.

Todo lo demás dejo de existir para ambos en ese breve momento que sus respiraciones se acompasaron y sus ojos hicieron contacto. El miedo de Mía de ser descubierta por Lorenzo se esfumo de su cabeza, sus pensamientos se quedaron en blanco y su mente se lleno de un zumbido extraño que aparentemente provenía de su pecho, justo donde su corazón palpitaba desbocado por una rara emoción. Erick al ver el sonrojo que tiño las mejillas de ella, esbozo una leve sonrisa cargada de nostalgia y tristeza al mismo tiempo; habría dado cualquier cosa porque esta mujer a la que ahora debía respetar por ser la esposa de su padre, hubiera sido en realidad esa mujer a la que tuvo que renunciar sin ninguna explicación.

―Ella era tan hermosa, tan llena de vida, tan arriesgada y risueña, tal vez un poco atrevida y coqueta, pero eso la hacia mucho más irresistible y lo mejor de todo, es que era mía ―sus palabras eran torpes,pero estaban llenas de sentimiento y añoranza; por un segundo de lucidez, miro a la mujer que tenia sobre si y fue como si la reconociera por primera vez―. ¿Cómo puedes parecerte tanto a ella y ser tan diferente al mismo tiempo?

―Era mi hermana ―Mía no necesito decir nada más y eso la hizo entender que cualquier interés que Erick pudiera tener por ella, era solo la sombra burlona de un amor perdido.

―¿Me pueden explicar que esta sucediendo aquí?

Erick ni siquiera tuvo tiempo de asimilar nada porque casi como un trueno, la voz de su padre se materializo en el ambiente. Mía se sobresalto de la impresión y tan rápido como cayo en brazos de Erick, fue arrebatada sin mucha delicadeza hasta quedar frente a frente con su ahora esposo y lo que vio en sus ojos, por un momento la lleno de temor.

―No es lo que estas pensando, Lorenzo ―musito temblorosa.

―Por tu bien y el de tus padres, más te vale que así sea, hermosa.

El tono de su voz fue tan bajo, casi como un susurro, para que su hijo que seguía tirado en el suelo no pudiera escuchar la amenaza implicita. Y de ahora en adelante Mía debia acostumbrarse a que cada una de sus acciones fueran coaccionadas por la voluntud de un hombre que podia engañar a cualquiera con una simple sonrisa. 

Ella no alcanzaba a imaginarse quien era en realidad Lorenzo Toscano y no tardaría demasiado en descubrirlo.

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