Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo 5
SIN SALIDA... Juguemos a pecar
―No quiero estar aquí, Lía. Vámonos antes de que alguien nos descubra, por favor.
De ninguna manera, eso no iba a suceder. Ya no habia marcha atras porque esta oportunidad no se repetiria dos veces para Lía. Y conseguirlo, le habia costado demasiado. Desde la ropa que llevaba que no era de su talla, hasta el maquillaje perfectamente elaborado para resaltar cada facción de su rostro; sin contar que los zapatos le apretaban un poco su dedo gordo al caminar.
Este era su momento de princesa de cuento, para ser descubierta por el principe y la vida no le habia concedido un hada madrina que la ayudara; y como tal, se habia esmerado muchisimo en que cada detalle; asi que ni los zapatos, ni la ropa ajustada y mucho menos la cobarde de su hermana, lo iban a arruinar.
―Si quieres vete tú, pero yo ni muerta me marcho. ¡Él tiene que verme!
Entrar al club social de la ciudad fue lo menos dificil de su plan, tener muchos amigos intimos facilito el asunto; sin embargo, descubrir los horarios en que Erick Toscano asistia fue la parte complicada, porque no solo iba para socializar con sus amigos, tambien era parte de diferentes disciplinas, como la equitación y la natación y la esgrima.
―¡Te volviste loca, Lía! ―acusó nerviosa su hermana, vigilando que no viniera nadie por el pasillo cercano al área del restaurant.
Lía la miro de reojo tratando de ahogar una risita de éxtasis; estaba a tan poco de lograr lo que tanto había imaginado y nadie, ni siquiera la cobarde de Mía, echarían abajo sus planes.
―Si y no me importa lo que pienses al respecto. Llevo mucho tiempo esperando esta oportunidad y nadie va a impedirlo ―Mía apretó los ojos muerta de miedo porque sabia todas las consecuencias que vendrían a raíz de esto y lo peor de todo es que Lía también lo sabia, pero al parecer no le importaba en absoluto.
Ellas eran opuestos complementarios entre si; la vida había querido que fuera de esa manera desde el vientre de su madre, cuando el médico le había notificado a los padres que una de las bebes estaba dejando sin alimentos a la otra. Y al nacer no fue diferente, Lía siempre liderando la relación entre hermanas, siempre tomando la delantera, siendo indomable, intrépida y atrevida, arrastrando a Mía en el proceso sin tomar en cuenta sus sentimientos.
Era agotador seguirle el paso, pero más aun llevarle la contraria.
―¡Nos vamos ya mismo de aquí, Lía! ―Lía se sobresalto al sentir que la sujetaban con fuerza por la muñeca, pero más le sorprendió que su hermana le hiciera frente con tanta determinación―. ¡Nos vamos! ―reitero de nuevo y se puso de pie tirando de su hermana―. No voy a permitir que metas en problemas a nuestros padres y mucho menos a mi.
―¡Sueltame! ¡Yo no te obligue a que vinieras, Mía! ―se sacudio con fuerza.
―¿No entiendes que esto es una locura?
Claro que lo entendia, pero le parecia peor seguir resignada a una vida de desdicha y pobreza como la que llevaban hasta ahora. Odiaba la idea de un futuro predecible donde lo unico que podia aspirar era a que un buen hombre con un sueldo decente le ofreciera un hogar precario y la llenara de hijos.
De solo imaginarlo la piel se le erizaba del horror.
Y no es que no amara a su familia, al contrario, los adoraba... pero no se sentia orgullosa de que sus padres se hubieran conformado con tan poco para ser felices. La vida estaba llena de oportunidades ilimitadas y los Russo solo se habian conformado con tener una pequeña libreria en la ciudad y una casa modesta que llovia más adentro que afuera cuando llegaba el invierno.
Lía sabia que merecia más que una vida sencilla, cada vez que se veia al espejo y la audacia brillaba en sus ojos. El universo no le habia regalado tanta belleza para desperdiciarla y esconderla. Le atormentaba mucho cada vez que escuchaba a sus padres quejarse por las deudas. Sus padres merecian una vida mejor y si ellos no lo habian conseguido por sus propios meritos, entonces Lía lo haria por ellos.
Y lo que más lamentaba es que la tonta de su hermana no pudiera entender sus razones.
―Pues si hacer esto me convierte en una mald1ta loca... ¡Entonces no me importa, Mía! ―objeto Lía con fiereza, zafándose del agarre de su hermana, la cual se tambaleo por la fuerza de la sacudida―. Estoy cansada de ser pobre de vivir solo con lo necesario y fingir que esto feliz con eso para que mis padres no se sientan mal al respecto. No esta mal querer mejorar mi estilo de vida, ni es un pecado querer ser alguien mejor en la vida. ¡Asi que si! ―reafirmo con altivez―. Si estar aquí me convierte en una loca, entonces que preparen mi lugar en el manicomio porque no pienso moverme de este sitio hasta que Erick Toscano me vea.
Mía dio dos pasos atrás, como si le hubieran asestado un golpe en la cara.
―Pues en esto te quedas sola, Lía ―sentencio con la voz llorosa, como si estuviera a punto de echarse a llorar―. Vas a convertirte en la destrucción de nuestra familia y no quiero estar cerca para verlo.
Lía intento disimular una mueca de dolor ante las palabras de su hermana gemela, pero no tuvo tiempo de profundizar el sentimiento porque muy cerca de donde ellas estaban ocultas, como un rayo de luz en la oscuridad, se escucho la voz de Erick y por nada del mundo desperdiciaría la oportunidad de conocerlo y convertirse en su nueva obsesión de ahora en adelante.
―¡Tú te lo pierdes, hermanita!
Y con una sonrisa triunfante, seguida de un guiño, desapareció del alcance de Mía.
Era el principio el fin para las hermanas Russo, Lía lo sabia, Mía tambien. Su relación siempre habia estado fracturada por las grandes diferencias que existian entre ellas y esto solo hacia que la brecha se abriera muco más.
Mía sabia que su hermana estaba yendo directo al matadero y por primera vez en veintiun años, no sintio ni el minimo deseo de ir a su rescate, porque cuando sabes que la candela quema, no te acercas a la llama.







