Capítulo 39
SIN SALIDA... Juguemos a pecar
Sus respiraciones se entremezclaron al estar tan cerca el uno del otro y el cuerpo de Mía se estremeció al intuir que Erick estaba a punto de besarla; su mirada se lo decía a gritos.
―Por favor ―le susurro entrecerrando los ojos, luchando con la intensa necesidad de dejarse llevar por el momento―. No me beses, Erick. No es correcto.
―¿Por qué eres mi madrastra? ―cuestiono él, con la voz afectada de deseo por ella.
―Porque tú y yo no somos como ellos, E