Capítulo 40
SIN SALIDA... Juguemos a pecar
La mano de Erick tembló sobre el cuello de su padre mientras las lágrimas empañaban su visión. No tenia el valor de hacer algo tan vil, no tenia las agallas para materializar un acto tan violento; él no era un asesino.
―¡No puedo hacerlo! ¡No puedo! ―dejo caer el cuchillo lejos de su alcance y bajo del regazo de su padre hasta quedar sentado contra la pared, muy cerca de él.
―No tienes las agallas, Erick. Te falta determinación en la vida ―le recrimino