CAPÍTULO 33.
POV DAMIÁN
Me quedé parado frente al ventanal del pent-house mirando la ciudad. El vaso vacío colgaba de mi mano. La botella medio vacía descansaba sobre la mesa. Y mi cerebro seguía completamente lúcido donde no debería—repitiendo las mismas dos palabras una y otra vez.
Doce semanas. Serví más whisky. Lo tomé de un trago. Quemó, pero no ayudó. Nada ayudaba. Había intentado trabajar, revisar reportes, contestar emails. Todo inútil. Mi mente seguía en ese hospital. En Venus inconsciente. En el