Capítulo ochenta y cinco. La calma antes de la tormenta.
— — — — Narra Amy Carlson — — — —
El sol de la mañana se filtra entre las cortinas de la habitación, bañando todo con una luz dorada que me despierta lentamente. Mi primer instinto es buscarlo, sentir su calor junto al mío, y no me decepciona: Brad está allí, mirándome como si yo fuera el milagro más grande que le ha ocurrido jamás.
—Buenos días, amor —susurra, acariciándome el cabello con ternura.
Le sonrío, acurrucándome más en su pecho