Capítulo ciento treinta. Tres tazas, por favor
— — — — Narra Amy Carlson — — — —
La cocina olía a pan recién tostado. A chocolate derretido. A hogar.
Me senté en la banqueta frente a la isla, mientras Brad preparaba las tazas con la concentración de un científico loco. Medía con exactitud la cantidad de malvaviscos, giraba la cuchara en el sentido contrario al reloj, y soplaba apenas antes de servirme.
—Estás exagerando —dije, divertida.
—Estoy perfeccionando —respondió él—. Tus antojos tienen