Esa tarde estuve muy nerviosa, se iba acercando el día que tenía que irme a vivir con mi ya casi marido y mi pequeño Lucas. Casi no me entraba ni siquiera un vaso de agua porque tenía los nervios en el estómago que no hacía más que sentir las cosquillas pues sabía que era todo lo que tenía, emoción, angustia por ser la esposa por contrato de un hombre multimillonario sí, pero muy serio y sin apenas conocernos.
Por la noche me fui a mi dormitorio para tumbarme un rato en la cama mientras pensab