—Ay, cariño —oyó decir a Jensen—. No te muevas así.
Se giró para mirarlo. —Jensen —dijo, con el aliento rozando su cuello.
—Mmm —murmuró él adormilado mientras la acercaba más y ella escondía el rostro en su cuello. Él aspiró su cabello y sonrió satisfecho.
—¿Acabas de llegar a casa? —preguntó Katherine.
—Mmm —murmuró Jensen de nuevo.
—¿Qué hora es? —preguntó ella.
—Las tres y media —respondió Jensen.
Katherine se incorporó, frunciendo el ceño. —¿Qué? —dijo—. ¿Y acabas de llegar a casa?
—Sí —re