Katherine lo miró fijamente. —¿Quieres ayudarme a hornear? —preguntó.
Lentamente, una ceja arqueada se arqueó. —¿Crees que no sé manejar una batidora y una masa?
Katherine rió. —Claro que sí —dijo, extendiéndole la mano—. Adelante.
Él frunció el ceño. —En realidad, cuando te pregunté si necesitabas ayuda, me refería a si ya tenías algún pastel horneado que quisieras comer... Con eso sí puedo ayudarte.
Katherine no pudo evitar sonreír. —Pasa —dijo mientras se quitaba el delantal y se dirigía a s