Las cortinas transparentes ondeaban en su ventana abierta, y un gallo cantaba a lo lejos. La cálida mañana que entraba en su habitación reflejaba las emociones que había estado experimentando desde la última vez que vio a Jensen.
Suspiró. Otro día. Pero algo era diferente, igual que desde aquel día. La prueba de ello recorría su cuerpo, que se sentía inquieto e insatisfecho.
Cerró los ojos y vio a Jensen Packard, sintió una vez más su cuerpo contra el suyo, sus labios contra los suyos. Besándol