Al día siguiente me desperté algo confundido, ya que tardé un buen rato en darme cuenta de donde estaba, porque estaba acostado y vestido en el sofá de mi salón. Me senté sujetándome la cabeza, pues me dolía como los demonios, pensando en que en parte me lo merecía, aunque no dejaba de ser una mierda la manera en que me desperté. Con cuidado fui abriendo los ojos sorprendiéndome cuando vi encima de la mesita que tenía enfrente de mi, una botella de agua y dos pastillas, las cogí bebiéndome segu