La gala continuaba su curso con una elegancia que desbordaba cada rincón del salón. Sofía, del brazo de la organizadora, recorría el ala sur del palacio donde se exhibían los diseños arquitectónicos más recientes de la costa griega. Las cámaras, las luces tenues y las vitrinas de cristal hacían que todo se sintiera irreal, como si la noche hubiese sido escrita por algún guionista de cine.
Naven Fort se había quedado observando desde la distancia. Sus ojos grises seguían cada movimiento de su es