A la mañana siguiente, parece que David realmente me ha escuchado. Que no puede seguir manteniéndome a distancia, que quiero formar parte de todo esto, que necesita confiar en que soy capaz de manejarlo.
Lo sé porque, de pronto, escucho mi nombre llamándome desde el estudio, donde había visto entrar a Harlan y Theo quince minutos antes.
Al entrar, los tres levantan la vista hacia mí con sonrisas extrañas en la cara.
—¿Tienes un minuto? —pregunta David, y yo entrecierro los ojos.
¿Qué cree que h