Cerniéndose sobre mí mientras nuestras bocas se separan, sonríe al verme mirarlo con confusión. Ahora le toca a él llevar el control, empujando dentro de mí con embestidas fuertes y profundas, su mano abandonando mi cuello y apoyándose en la cama junto a mí mientras empieza a besar mi cuello.
—¿Esas son tus exigencias, muñeca? —murmura contra mi cuello—. ¿Que pase más tiempo follándote?
—No es lo único que dije —respondo sin aliento, sonriendo mientras cierro los ojos ante la sensación de su le