David se mueve sobre su espalda, libera las manos y las levanta hacia mí, pero yo me aparto inmediatamente.
—Ah-ah —chasqueo la lengua—. No hasta que me respondas —explico.
Observando cómo se tensa su mandíbula mientras vuelve a poner las manos sobre la cama, le sonrío con inocencia mientras subo la otra rodilla junto a su cadera, quedándome a horcajadas solo sobre su muslo derecho. Me mantengo alejada de él, perfectamente consciente de que en cuanto me deje presionar contra él estaré tan deses