#27: Nora
Su boca se estrella de nuevo contra la mía en el instante en que la realidad nos golpea a los dos. Esta vez no hay dudas ni tanteos cuidadosos. David me besa como un hombre que ha pasado cinco años muriéndose de hambre y por fin ha encontrado la única comida que de verdad importa. Su lengua se enreda con la mía, exigente, posesiva, y yo le respondo con la misma hambre porque la verdad es que yo también he estado muriéndome de hambre.
Agarro su camisa con los puños y tiro con fuerza su