Durante la semana siguiente, encuentro un ritmo con ambos trabajos. En la oficina, establezco una nueva dinámica con David: sigo siendo yo misma, pero controlo algunos de los comentarios punzantes y el tono bromista cuando el significado podría resultar ambiguo. No quiero pensar de esa forma en él durante el día.
En The Red Room, David viene tres veces por semana. Cada vez elige algo nuevo, lo prueba, prueba mis reacciones. No me niego ni una sola vez. Descubro que no quiero hacerlo. Todavía no