#4: Nora
Elaine llegó con flores, y solo eso ya debería habérmelo dicho todo.
Eran lirios blancos, arreglados con esmero, elegantes y caros, de esos que manchan todo lo que tocan si no tienes cuidado. Abrí la puerta y ella sonrió con calidez, avanzando como si tuviéramos la confianza suficiente para eso.
—Nora —dijo con suavidad—. Te ves muy delgada.
—Siempre he sido delgada, Elaine —respondí, apartándome para dejarla pasar.
Chasqueó la lengua fingiendo preocupación, aunque sus ojos recorrieron