Me niego a dejar de sentir sus caricias, me niego a moverme y dejar de abrazar a este hombre tan maravilloso, me niego a abrir mis ojos porque estoy disfrutando de sus besos y no quiero que se acaben.
Siento cómo mi cuerpo es recorrido por besos y caricias, algo que estremece mi cuerpo, esas cosquillas en mi piel que me erizan por completo.
Pero toda esa magia se ve interrumpida cuando escucho en mi oído: "Mi amorcito, es hora de levantarnos". —No es justo —protesto cuando lo escucho reír. —Ya