Estoy preparando un café para llevarle a Sebastián cuando miro entrar a Micaela caminando raro, así que me imagino por qué.
—Buenos días, María —deja de mirarme así, amiga. Mi amiga, la del medio, está un poco dolorida, pero es por culpa del ejercicio que practiqué anoche —yo no he dicho nada Micaela —le digo pasándole una taza de café y ella se sienta como una reina en la cocina de la empresa.
La escucho dar un suspiro —sabe, María, me comí la deliciosa banana de Omar y ¡qué bananote amiga! Mi