Capítulo 31. Iré contigo
«No puedes escapar de mí, Astrid.»
La mirada de Astrid cayó sobre la puerta, sopesó sus oportunidades para escapar y con terror se dio cuenta de que no existía ninguna. Con terror retrocedió hasta que su espalda chocó contra la fría pared.
—¿Quién eres? —preguntó. Su voz sonó temblorosa, evidenciando su miedo.
Sirius sonrió, enseñando los colmillos, muy parecidos a Leviatán. ¿Era otro íncubo? ¿Cuántos de ellos estaban en la tierra? Astrid ni siquiera quería conocer la respuesta.
—Una mortal, no