Capítulo 32. Como el día y la noche
Astrid le dedicó una última mirada a Leviatán y, obligando a su cuerpo a moverse, escapó de la habitación. Corriendo tan rápido como sus fuerzas se lo permitieron, sintiendo que su corazón iba a detenerse en cualquier momento por el miedo y la adrenalina.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, pensando en que todo había terminado y que posiblemente jamás volvería a encontrarse con Leviatán. Quizá era mejor así, ellos eran como el día y la noche. Su relación no estaba destinada a ser.
Un sollozo aban