–Buenos días a la mujer más hermosa, fascinante y complicada de este hemisferio –saluda Richard marcando un tono envolvente, firme y cargado de una autoridad caballerosa mientras avanza un paso decidido hacia el interior del inmueble sin pedir permiso. – Me tomé la libertad absoluta de pasar a esa pequeña cafetería que tanto te gusta para traerte el desayuno completo antes de que nos vayamos juntos al estudio jurídico, porque me niego rotundamente a permitir que vuelvas a saltarte la primera co