–Dispara de una buena vez si tienes las agallas suficientes para hacerlo, mi querido, violento y desesperado rey –responde Bianca con una sonrisa cínica, triunfante y provocadora, sin mover un solo milímetro la cabeza a pesar del metal helado pegado a su piel. – Pero ambos sabemos perfectamente en esta habitación que no viniste hasta mi casa a matarme como un vulgar e impulsivo sicario de la calle. Viniste hasta aquí corriendo porque estás aterrorizado de muerte, porque estás temblando de pánic