HORAS DESPUÉS
En la oscuridad de la madrugada, Adrián empuja la puerta de la habitación de Valeria con una violencia torpe, tambaleándose bajo el efecto del whisky que ha estado consumiendo de manera autodestructiva en su despacho, y la encuentra a ella sentada en el borde de la cama, envuelta en un camisón de seda blanca, observándolo con una calma que le resulta más hiriente que un insulto gritado a pleno pulmón.
Él se detiene frente a ella, con la camisa desabotonada y el cabello revuelto,