El aire se congeló al instante y un frío intenso avanzó hacia ella, arrastrándose como una serpiente para aprisionarla con su lazo. Dorelia se quedó paralizada al ver a Williams junto a los recién llegados, pero Andrew la miró de nuevo, y una profunda calidez recorrió todo su cuerpo, se asentó en su pecho y después se deslizó por sus manos y sus pies con una energía incontrolable.
—¿Dónde vas, querida?
Dorelia oyó la voz exasperada y desaprobadora de su tía, pero esta le llegó lejana y apagada