Las noches siguientes al extraño episodio de calor corporal, Andrew no pudo evitar sentir una creciente inquietud. El enrojecimiento en su rostro y la sensación de calor excesivo se habían intensificado, y no podía evitar relacionarlo con el sueño vívido de la mano suave que acariciaba su rostro.
Su mente racional le decía que era solo una coincidencia, una consecuencia tardía del accidente que había marcado su rostro con una cicatriz profunda. Sin embargo, algo en su interior le susurraba que