Emma no reconoció el apartamento.
Había conseguido la dirección gracias a los mensajes de Tyler. Un penthouse en el distrito financiero. Cuando las puertas del ascensor se abrieron, entró en un lugar que parecía sacado de una revista. Ventanales de piso a techo. Suelos de mármol. Muebles que probablemente costaban más de lo que ella ganaba en un año.
Ese no era el pequeño estudio en el que Tyler había estado viviendo.
—¿Tyler? —llamó.
Él salió del dormitorio y se detuvo al verla. Durante un seg