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Emma estaba en su estudio pintando cuando la mujer entró.
Era joven, quizá de veintitrés años, con moretones en los brazos y miedo en los ojos.
Emma reconoció esa mirada de inmediato.
—Necesito ayuda —dijo la mujer—. Mi novio. Es controlador. Es violento. No sé qué hacer.
Emma dejó el pincel y sacó una silla.
—Hablemos —dijo.
La mujer se llamaba Jessica. Había estado con su novio durante tres años. Él la había aislado de sus amigos y de su familia. Cont