Vivian Cross apareció en la galería de Emma un martes por la tarde.
Emma no la reconoció al principio. Se veía más pequeña que en la mansión, más frágil. Pero sus ojos seguían siendo los mismos: fríos y calculadores.
—Señorita Chen —dijo Vivian—. ¿O debería decir señorita Vale ahora que ya no está casada con mi nieto?
Emma dejó la pintura que estaba colgando.
—¿Puedo ayudarla en algo? —preguntó, manteniendo un tono profesional.
—Puede decirme por qué destruyó a mi familia —respondió Vivian—. Po