La residencia brillaba con la calidez de las luces doradas, pero para Aisha, el lugar se sentía como una jaula. Las sombras de los candelabros danzaban en las paredes, proyectando figuras que parecían susurrar secretos en cada rincón. Mientras caminaba detrás de Sanathiel, su mente seguía atrapada en el torbellino de emociones de esa noche.
Sanathiel encendió la chimenea, y el resplandor del fuego iluminó sus rasgos definidos. Sentado en un mueble blanco, parecía relajado, pero Aisha sabía que